El mariscal de Texas Tech Brendan Sorsby sorprendió a todos esta semana al obtener su inyección, y al conseguir una orden de restricción temporal contra la NCAA que le permite jugar para Texas Tech en 2026.
Es difícil que algo en el fútbol universitario siga sorprendiendo, pero esta decisión fue impactante. Si bien no se debe valorar la moralidad de apostar por tu propio equipo, también parece ilegal que otras personas apuesten en tu nombre, cosa que Sorsby admitió haber hecho. Sorsby y Texas Tech han insistido en que el tema era una crisis de salud mental, pero no puedo imaginar que la universidad haya atravesado todo este embrollo si él fuera un suplente de pateador.
La NCAA ha perdido el control de los deportes universitarios. Si no te agrada su decisión, llevas tu caso ante un juez que te favorezca, y se te permite hacer lo que quieras. Estoy completamente en contra de que Sorsby reciba una segunda oportunidad como la mayoría de los aficionados al fútbol universitario, y desearía que la NCAA pudiera hacer algo para evitar que juegue en 2026 y más allá.
Hemos visto que la junta directiva de la NCAA no tiene espina dorsal, pero otras universidades están luchando contra esta injusticia.
Según Pete Thamel, la Big Ten se reunirá para discutir si continuará programando partidos de temporada regular contra Texas Tech. El director atlético de Nebraska, Troy Dannen, y muchos otros directores atléticos han anunciado que ya no programarán juegos contra Tech también.
Aplaudo a estas escuelas por tomar una postura audaz y con la esperanza de conservar la integridad que queda en los deportes universitarios. Con suerte, otras universidades seguirán su ejemplo y eliminarán futuros enfrentamientos contra Texas Tech.
Sin embargo, lo que más me intriga ver es las repercusiones de esta decisión en la Big 12. Muchas escuelas ya han salido a expresar su descontento con esta resolución, luchando por mantener el juego a salvo de más irregularidades.
Al fin y al cabo, esto debería haber sido un caso claro y directo. Sorsby apostó a su equipo, no jugó, pero tenía información privilegiada sobre planes de juego que podrían dar ventaja en las apuestas. No es tan grave como los ex lanzadores de los Cleveland Guardians, Emanuel Clase y Luis Ortiz, pero esos atletas nunca volverán a acercarse a la MLB.
Se ha establecido un precedente terrible por parte de la NCAA, y ahora corresponde a las demás universidades plantarse frente a Texas Tech y evitar que algo así vuelva a ocurrir.